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29.
Haikus. La creadora,
Lola Pastor, los llama Haimis.
(2ª parte)
Leídos
en voz alta, a ritmo de
campanada tardía,
activan el hemisferio derecho
de nuestro cerebro y nos
ayudan a conectar con ideas
elevadas.
Ondas
que propagan lo nunca
dicho.
El espejo me sonrió
y me ruboricé.
El barro le preguntó
al alfarero, ¿qué
quieres ser?
Entre tú y
yo sólo se
interpone Dios.
Salí corriendo
y no alcancé
la felicidad.
Me asomé a
la vida y la semilla
brotó.
Cálido amor
que me hiela.
Susurros que grita
el silencio.
Perfiles de sombras
que no se ocultan.
Cuéntame un
cuento y callaré
para siempre.
Una llama apagó
la luz de la noche.
Fríos inviernos
de cálidos
sueños.
Paseando por la vida
me encontré
lo que no buscaba:
a mí.
Tiré una moneda
en una fuente y esperé
el cambio.
Nubes que no pasan
de largo.
Dulces recuerdos jugando
al escondite.
Sólidos puentes
que nos separan.
Escribo palabras que
aún no son.
Estrellas que brillan
donde no existen.
El otoño me
regaló su decadencia.
Se cansó el
camino de esperarme.
El sol se apagó
para encender la noche.
El mar secuestró
mis huellas.
Lágrimas que
recorren un camino
sin vuelta.
Calmada está
la noche al abrigo
de tu sueño.
El sauce dejó
de llorar al ver tu
sonrisa.
Sublimes abrazos de
encuentros imposibles.
Supe que ya no estabas
cuando te vi llegar.
Mi alma, presa de
Dios, se siente libre.
Vago sin rumbo y el
sol aparece.
La noche le contó
mis sueños
a Dios.
Ríos que se
detienen a mi paso.
Nubes que anuncian
tormentas de calma.
La luz se refugió
en la sombra.
Escribo poemas de
amor que sólo
riman en tu alma.
Párate, sólo
un momento, y evocarás
lo que aún
no has vivido.
Supe de ti por el
viento.
Suaves tactos de seda
que me enredan.
Verdes valles que
sustraen el rubor
de la Tierra.
Impaciente está
la flor de ofrecer
su aroma al que no
se detiene.
Luz Divina que se
apaga para que la
veas.
Una cruz que me libera.
Pensé en besarte
y mi rostro se hundió.
Lancé un beso
al aire y te encontró.
Agradeciendo siento
la Gracia. La vida
es un regalo.
Manos vacías
que se llenan con
tu ser.
Colores que anuncian
el final del día.
Cálices que
se desbordan. Alegría
del espíritu.
Solitario ciprés
que acompaña
el camino.
Excelencias que se
cuelan por las rendijas
de mi ser.
Ante la majestuosidad
del águila,
la presa se rinde.
Pinceles que buscan
al artista en el lienzo.
El rio se secó.
Las piedras ya no
se esconden.
El árbol me
cobijó y encontré
mi hogar.
Una estrella fugaz
se detuvo para que
la viera.
El camaleón
no se disfrazó
y murió.
La tierra se viste
de colores para celebrar
la primavera.
Veo a Dios en todo.
Ya no tengo secretos.
En el silencio del
concierto, las notas
bailan.
Un cisne me contó
que el cambio existe.
Tus ojos me dijeron
lo que tu boca no
se atrevió.
Alabanzas de sueños
no conseguidos. Lamentos
de metas alcanzadas.
Cantos de sirena que
festejan lo nunca
vivido.
Personajes que se
fueron a otra historia.
Sólo hablo
para recordarte la
importancia del silencio.
Mariposas revoloteando
alrededor del amor.
Ocasos, amaneceres.
Habitantes del horizonte.
Historias que se esconden
en los libros.
Espejos rotos, ¡tantas
identidades!
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