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Internet y lo positivo
Este
texto está relacionado
con el nacimiento de una página
web llamada estosololoarreglamosentretodos.org.
Josemaría, fundador de
AdeA, envío un extracto
de lo que se escribe más
abajo.
Me
parece tan hermosa vuestra iniciativa
que no he dudado en escribiros
para animaros porque, hasta
cierto punto, nuestra entidad
(ArtedeAmarte) procura lo mismo:
encontrar dentro de nosotros
los potenciales ya existentes
para demostrar que dependemos
de nosotros mismos, no de lo
que nos cuenten los medios de
comunicación, ni nuestros
miedos (ellos reflejan esto
mismo). Sí os digo que
no aspiro a que esto o lo vuestro
se difunda a esa escala. Mis
sensaciones me dicen que, de
momento, los medios solo atrapan
con el miedo, la preocupación
o la duda… por eso no
depositéis fe en un mensajero
mundial que vive del pesimismo
que genera en el propio corazón
de la sociedad. Pero todo cambiará.
Noticias positivas, como vosotros
habéis demostrado, existen
por los cuatro rincones del
planeta. Pero eso no engancha
con tanta facilidad como un
terremoto, la violencia de género
o la sequedad de los pantanos
(que este año ha desaparecido,
pero no se informa, porque es
noticia que no atrapa). Parece
como si el derecho a informar
se hubiera convertido en el
derecho a frustrar. Internet
está avanzando tanto
que puede ser un instrumento
tan válido como los medios
de comunicación, mucho
más puro, auténtico,
sin interferencias, porque,
por ejemplo, nuestros amigos,
los vuestros y los míos,
nos mandan noticias positivas
a través del correo.
Y lo negativo lo descartamos
con una velocidad pasmosa: click.
Ante
todo, mil gracias por esta iniciativa.
No había dicho que mi
nombre es Josemaría Garzón
y hace tres años mi mujer
y yo abandonamos nuestros trabajos
de funcionarios en Sevilla para
apostar por un proyecto que
uniera el desarrollo interior
de las personas con el amor
hacia planeta. Ella era funcionaria
en la Universidad de Sevilla
y yo era docente de niños
del aula de Pedagogía
Terapéutica de un colegio
en una localidad de dos mil
habitantes, cerca de la ciudad.
Como digo, abandonamos las seguridades,
la rutina, el ruido. Cambiamos
una realidad por una idea, de
que la seguridad no necesariamente
es felicidad y la cambiamos
por un trabajo-juego.
Nos
trasladamos con nuestras dos
hijas de once y trece años
a un pueblecito de veinte habitantes
en las montañas del Bierzo,
Ponferrada. Quemamos nuestras
naves para no volver atrás,
y ahí comenzó
nuestra aventura. Al principio
hubo algunas dificultades, claro.
La más importante es
que para nuestras hijas adolescentes
resultaba muy duro dejar su
espacio vital: sus amistades,
sus familiares, su barrio…
Por nada del mundo querían
mudarse a un lugar aparentemente
inhóspito. Temíamos
el desgarrón emocional.
Pero nuestra confianza y nuestra
unión dieron un giro
inesperado a sus vidas y a las
nuestras. Al poco de llegar
aquí se adaptaron tan
bien que hoy, por lo menos la
mayor, está estudiando
su carrera de fisioterapia en
Ponferrada. Tuvo este verano
la oportunidad de haberse marchado
al otro lugar, pero se quedó;
y la peque, que ahora tiene
dieciséis, dice que cuando
la trae el taxi que nos asignó
–como una lotería-
la Junta de Castilla y León
valora el silencio con el que
puede estudiar y la atención
que le pone a su afición
más gratificante: la
fotografía y el dibujo.
Y no por ello dejamos de bajar
hasta Ponferrada los fines de
semana o cuando sea preciso,
porque también necesita
cines, amistades y algún
enamoramiento que otro.
Solo
tienes que dar un paso en la
dirección que te marca
tu corazón y la vida
comienza a cambiar. Como decía
alguien: para cambiar las cosas
hay que mirarlas con otros ojos.
Pero, eso, siempre tenemos nosotros
que dar nuestro primer paso.
El Universo, Dios, o lo que
sea, dará el millón
restantes. Así lo hemos
comprobado nosotros día
a día.
Nada
más llegar creé
la Asociación ArtedeAmarte.
Muy pronto se convirtió
en una iniciativa positiva,
optimista y enormemente contagiosa.
Es una iniciativa que nos reporta
una economía en crecimiento
para alimentar a la propia asociación
y a mi familia. En este sentido
tenemos ponentes, talleristas
y hasta voluntarios que contratamos
de manera puntual para que impartan
sus conocimientos, más
allá de sus labores cotidianas.
En la actualidad, si tenemos
problemas con la labor que llevamos
a cabo, es para gestionar el
voluntariado de personas que
quieren participar en este proyecto
como sea. O para contratar a
otras personas que desesperadamente
necesitan en estos tiempos un
trabajo. Nosotros los animamos
a que sigan nuestro ejemplo;
les transmitimos con ilusión
que si fuimos capaces de empezar,
por qué motivo no podría
hacerlo cualquiera. ¿De
qué depende ese impulso
inicial? De uno mismo, claro.
Si te aferras a conceptos como
la mala suerte, las circunstancias,
así como no tengo medios
para llevar a cabo tal o cual
cosa, si dependo de los comentarios
castrantes de familiares que
quieren la mejor seguridad para
ti, pero no la mayor felicidad,
entonces no vendrán las
buenas oportunidades. Les decimos
que lo positivo atrae a lo positivo
y que lo negativo atrae más
mala suerte. Así que
siempre tengo una frase que
me encanta y que un día
brotó de mi boca en uno
de mis cursos de campamento:
No tenemos el derecho a ser
felices, sino la obligación
de serlo.
El
primer año creamos la
asociación con la intención
de que pronto pasara a ser fundación.
De manera tímida pero
comprometida comenzamos con
un campamento; el segundo, dos;
y el tercero, es decir el año
pasado, en plena crisis, aumentamos
a tres campamentos para chicos
y uno para adultos.
Como
decía antes, este verano
pasado, en plena "crisis"
–perdón, quería
decir en plena oportunidad de
cambio-, decidimos impulsar
la organización, debido
a que muchos de nuestros amigos,
compañeros/as y exalumnos
de camino nos demandaban algo
para mayores. Al ver a sus hijos
con el entusiasmo que regresaban,
al comprobar por ellos mismos
la felicidad con la que salían
de los talleres, nos propusieron
algo más. El éxito
fue tan rotundo que desde enero
comenzaron a apuntarse para
el próximo verano algunas
de las personas que asistieron
al último campamento.
Quiero aclarar que aunque mencione
la palabra campamento existe
una dimensión educativa.
En
fin, ánimo a todo el
mundo a que busque dentro de
sí, a que busque en estas
páginas de vuestra web
ejemplos, fuerzas y energías
de personas que no aprendieron
de nadie, ni se dejaron arrastrar
por la negatividad, y que por
definición nos separa
de la felicidad que lo inunda
todo, de que olviden los “porqués”,
por qué me pasa esto,
por qué me sucede a mí,
porque a fulanito le ocurrió
un desastre cuando... a cambio
de los “para qués”.
Si encontramos un solo para
qué, comenzamos a mirar
con otros ojos. Que olviden
por favor las estadísticas.
Según ellas yo estaría
muerto: mi mujer y yo pasamos
de los cuarenta y tantos (el
tantos no lo digo por respeto
a mi esposa). La realidad la
construimos nosotros cuando
impedimos que nos la creen otros.
En
el fondo, esta iniciativa no
es mía; yo solo me he
convertido en el receptor de
una demanda externa, pero que
yacía en el interior
de muchas personas, de muchos
padres que deseaban algo diferente
para sus hijos e hijas, de una
necesidad de contactar con la
naturaleza de otra manera, de
una manera sagrada, reverente,
respetuosa de mirar nuestro
medio ambiente y nuestras relacionas
personales. Ni siquiera hablo
de preservarla desde un punto
de vista aparentemente ecologista,
es decir, cuidarla porque corremos
el peligro de extinguirmos como
raza humana, o bien, porque
se están acabando muchos
recursos. ¡No! Yo hablo
de comunicarnos con un ser vivo
llamado Tierra para preguntarle
qué quiere de nosotros.
Y hasta ahora lo que nos dice
es que nos amemos para que ese
amor se extienda. Al no hacernos
daño, respetaremos todo
cuanto existe a nuestro alrededor.
Son tantas las experiencias
positivas que nos han transmitido
decenas de personas, son tantas
las cartas de apoyo, son tantas
las lágrimas de chicos,
madres y hasta padres cuando
han visto con qué entusiasmo,
ilusión y paz regresan
a casa que no podemos más
que animar a cualquiera. Por
eso tenemos dificultades para
gestionar ponencias y talleres
durante los campamentos. Adultos,
profesionales y hasta chicos
que poseen conocimientos de
Feng Shui, radiestesia, mandalas,
musicoterapia, arteterapia,
etc… nos solicitan participación
en nuestro modesto escenario.
El año pasado una mujer
de Madrid era tan persistente
en querer venir para aprender
que estaba dispuesta a pagar
lo que fuese. No tuve más
remedio que decirle que emprendiera
ella la misma iniciativa por
Madrid. Guardó silencio
y de repente me dijo que le
había adivinado el pensamiento
porque ya lo había hablado
con un socio y que el hecho
de venir hasta nosotros era
para ver ejemplos de nuestra
actividad. Poco después
me volvió a llamar para
expresarme cómo en el
fondo tenía miedo de
comenzar… pero que mis
palabras la habían cambiado.
Comenzarían al año
siguiente.
En
fin, mil millones de gracias,
porque vuestra página
web transmite algo llamado LIBERTAD,
libertad para crear, para volar,
para ser uno mismo y no para
ser esclavo de estadísticas,
de miedos, de malas noticias…
Gracias.
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