Por
favor, no me mandes en
tu correo esos adjuntos
en los que me pides que
yo los reenvíe.
Nunca lo hice y tampoco
lo voy a hacer ahora. Salvo
que desde mi corazón
libre sienta la necesidad
de llevarlo a cabo.
El
sentido de este correo
va más allá
del corazón, aunque
solo el corazón
puede vislumbrar si eres
capaz de liberarte de algo
que no te deja ver. Nunca
me sentí ni me sentiré
culpable por cortar esa
cadena en mi ordenador.
Jamás reenvíe
una foto de una niña
en grave peligro de muerte,
niña que nunca conocí,
ni siquiera sabían
de ella en el lugar donde
posiblemente estaba hospitalizada
(tengo constancia de ello).
No me mandes adjuntos para
multiplicar mi suerte si
lo envío a diez
personas. Mi suerte la
genero yo con mi convicción,
y el Universo me la devuelve
con mi fe; no depende de
un dios externo que exige
méritos para ganarnos
su confianza, un dios personificado.
Ese no es Dios, eso quizá
sea la relación
que aprendiste de pequeño
o de pequeña con
el miedo.
Mi
Dios me ama por el mero
hecho de existir yo. Y
yo lo amo porque lo veo
en todas partes, incluso
en tu rostro cargado de
dudas. Si existe un Dios
será para todos,
y todos debemos formar
parte de él, incluso
esos que llaman “los
malos”. Sé
que me ama porque yo formo
parte de Él y siento
que mi amor y el suyo son
lo mismo. Así lo
siento, y no habrá
miedo inducido en el mundo
que me cambie de parecer.
Mi Dios no tiene una lista
de alumnos, o de humanos,
con las faltas cometidas.
Por
favor, no me mandes adjuntos
en tu correo con el espíritu
de la duda, del miedo o
de cualquier proselitismo
moral. Aunque no lo creas,
a menudo escucho en la
distancia tus “por
si acaso”, por si
acaso funciona, por si
acaso me castiga Dios por
no enviarlo o por si a
caso esto tiene éxito
y da la vuelta al mundo.
No, por favor, ningún
“por si acaso”
te honra a ti, ni a Dios,
ni a los humanos que deseamos
ser libres de este tipo
de dudas temores o apegos.
Crees que lo haces por
mi bien, pero en realidad
lo haces por el tuyo, aunque
me atrevo a expresar que
entre tu bien y el mío
hay una gran diferencia,
el tuyo es prisionero de
un miedo y el mío
es libre para volar.
Jamás
he mandado frases ni del
Dalai, ni imágenes
de un Jesús que
me pone a prueba para ver
si al reenviar el dichoso
power point lo amo, o no
me avergüenzo de él.
Antes podría reenviar
–que tampoco lo hago–
un buen chiste, una buena
anécdota o una noticia
positiva. El mejor lenguaje
de Dios debe ser la risa.
Veo a Dios más en
estos mensajes que en esas
imágenes de un Jesús
fuera de toda realidad,
más parecido a un
sueco que a un judío.
No hagas a Dios a tu imagen
y semejanza; al contrario,
siente cómo eres
expresión de él
y cómo lo que te
rodea es expresión
suya.
Y
sólo cuando lo veas
con estos nuevos ojos desarrollarás
el mejor sentido de todos,
que se llama discernimiento
u ojo del espíritu,
libre de todo temor, pena
o engaño. Un discernimiento
de esta naturaleza se abre
a través de las
espesuras del ego humano
como si fuera la afilada
cuchilla de un bisturí.
Así
lo discerní cuando
muchos amigos que querían
enseñarme sus power
point me enviaban sus listas
de correo abiertas. Entonces,
comprendí que alguien
cogía y copiaba
los contactos de correo
para engrosar las listas
de individuos o empresas
que se dedican a crear
este tipo de correos-cadena
con el fin de vender tu
dirección a empresas
que luego te pedirán
algo por Internet, algo
que nunca te interesará,
pero que colapsará
tu buzón. ¿No
ves que si abres la puerta
a cualquier cosa el buzón
de tu alma se colapsa impidiendo
el paso de aquello que
de verdad interesa?
No
me envíes un power
point mostrando tus contactos
abiertamente. Usa el CCO
de tu correo. Con él
no desvelas el correo de
nadie, salvo el tuyo. O
si no, ¿por qué
crees que poco a poco van
apareciendo en tu mail
cada vez más correos
no deseados? Y en el mío,
ni te cuento… Al
fin y al cabo muestras
mi dirección cuando
lo reenvías.
Cuando
me hablas de una nueva
moral, del dios de siempre
o de una petición
de ayuda, crees que me
estás entregando
una espiritualidad que
me salvará. ¿Salvarme
de qué? ¿Estás
tú a salvo del mensaje
con miedos soterrados?
¿No ves que sin
saberlo me estás
invitando a una trampa
de arenas movedizas? Vive
tú lo que recibas
como un regalo para tu
corazón. ¿Le
sacaste todo su jugo?
Con
ello, sabrás cuándo
reenviar una noticia donde
se necesite la unión
de todos. Así ha
ocurrido ya a través
de Internet cuando, por
ejemplo, aquella mujer
musulmana de Nigeria a
la que liberaron de ser
lapidada gracias a los
miles de cartas que se
recibieron de Internautas;
o ahora, que estamos sintiendo
la necesidad de unirnos
para decirle a los gobiernos,
que son nuestros representantes,
que la humanidad necesita
proteger a este planeta,
casa de todos.
Aceptaría
que me dijeses que lo importante
es la intención.
Bueno, pero, en cualquier
caso, la intención
ha de estar limpia de toda
morralla. ¿Crees
que tus dudas, ambiciones
y miedos no abrazan esa
intención? Por tanto,
¿es limpia? Así
que haz lo que quieras,
pero de los power point
que parecen tan bonitos…
y ¡al final! se dejan
caer con el “reenvía
esto a diez personas para
que te pase tal o cual
cosa” mejor desconfiar.
Se sabe que muchos de ellos
los crean piratas informáticos
usando el miedo y la duda,
o la ambición, con
el fin de robar, como decía
antes, nuestras direcciones,
incluso esos tan profundos
sobre cualquier religión,
o que Bill Gates, entregará
una cantidad de dolares
por cada miembro de tu
lista de correo a quien
le envíes el mail.
Con
esos correos sigues favoreciendo
la misma religión
de siempre, a través
de una cultura, la de Internet,
con los mismos valores
de siempre, los de la esclavitud
a través del miedo
y la ambición.
Sé
libre.