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Susurros de la Madre de la Tierra II

El grito de la Tierra.

Quizá una crisis también sea un susurro de la Tierra. Después de las crisis de principios del siglo pasado se han llevado a cabo estudios donde se han demostrado –ahora estamos en la que comenzó en 2008 y años posteriores… que las empresas que sobreviven a posteriori son aquellas que aportan un bien innovador a la sociedad, aquello que es útil al mayor número de personas, pero con un matiz positivo, de integración, de liberación. Refiriéndome a esta que comenzó como una crisis financiera, que pasó a ser económica y ya lo es social, diré que tres años antes de que llamase a nuestras puertas, un amigo, un alto directivo de una multinacional, me confesó en una cena que su empresa había llevado a cabo un estudio concienzudo y muy caro donde se desvelaban las claves de la pervivencia de las empresas de este comienzo de milenio. A través de numerosos estudios, descubrieron que aquellas multinacionales que no apostaran por el Medio Ambiente lo iban a tener muy crudo para subsistir. Éste amigo me confirmó con ese matiz la creciente implicación que existiría entre comercio y planeta.

Hablando de crudo, las petroleras son maestras en vender anuncios por televisión con grandes tintes ecológicos. La cuestión, la difícil cuestión para las multinacionales, es que ya no se trataría de ofrecer una idea tan peregrina como algo basado en el mensaje de que seríamos muy buenos con el Medio Ambiente si comprásemos sus productos.

Creo que aquellos que no se desvivan por abrir caminos a sus “consumidores” para conectarlos con el planeta van a sucumbir si solo piensan en el lucro. Incluso los medios de comunicación tendrán que afinar mucho con esto para buscar de inmediato un equilibrio entre la información negativa y la positiva, para no engañar ofreciendo publicidad pagada como si fueran noticias relevantes en la portada de un periódico, o permitiendo de manera impune noticias filtradas por algún gobierno de turno para ir preparando conciencias masivas que favorezcan decisiones políticas comprometidas, es decir, dirigiendo a la masa…, o buscando el impacto visual antes que la profundidad del mensaje. Ni siquiera los que trabajan ahí están satisfechos con sus trabajos. Hacen lo que pueden porque deben comer.

Y con esto digo que la masa está agotada, muy agotada de que no haya una fisura por donde penetre una brisa fresca, renovadora y otorgue un sentido de expansión a nuestras vidas.

Un nuevo canal para una nueva religión.

Los adjuntos, muchas veces recurrentes, sí representan una de esas brechas. Ellos hablan de un cambio de estilo de vida, cambio en la manera de pensar, compromiso con la naturaleza, con nuestro cuerpo, ofreciendo instrumentos como saber perdonar, saber desprenderse del pasado, descubrir las claves de una vida feliz, claves para dar un sentido a nuestra existencia dentro de una conexión global.

Es tan sorprende el avance que esta semana he tenido otra respuesta en la misma línea de lo que cuento. Una amiga de mi mujer, con la que nunca congenié, y a la que podría identificar como de esas personas que están en contra de cualquier cosa que abra la boca, de esas personas que se indentifican con un “yo soy antiesto, antilootro y antiaquello”, le ha enviado a mi esposa un adjunto de una belleza tan singular, con tintes orientales y con un color tan profundo sobre la manera de cambiar nuestra vida, que no he tenido más remedio que rendirme a al amor que desprendía el pps. Esto sí que cautivó mi atención. Era un adjunto con música de fondo, quizá de Enya, que comenzaba diciendo: “Te invito a desprenderte de tu pasado, de tu futuro, a que perdones a quien te hirió, a que desalojes del armario las viejas ropas para que entren otras nuevas…”. En fin, seguro que te suena, ¿verdad? Tal vez, esta amiga ignoraba que su petición para el mundo, en realidad era un mensaje para ella. Así es la mente, siempre tan proyectiva, siempre demandando a los demás lo que no quiere reconocerse en sí misma.

Lo que pasa por nuestros inocentes correos electrónicos posee el efecto de una lluvia fina, imperceptible, ese chirimiri del norte del país, que no cae sobre tierra mojada, sino sobre tierra seca y ávida de agua, como le sucede al corazón de los hombres y mujeres, de los niños y adolescentes, de los ancianos. Creo que esa religión fomentada a través de miles de cursos de fin de semana, relacionados con la autoayuda, con el rescate del Niño Interior, con saber de nuestras vidas pasadas o con las constelaciones familiares, por citar una ínfima variedad de posibilidades, ha encontrado un canal eficaz y sutil para conectarnos aún más con la Tierra.

Me parece que parte del mensaje de esta nueva religión pasa por evitar productos basados en el lucro por el lucro, en la insostenibilidad de los recursos medio ambientales, en la satisfacción de una comodidad que adormece o en la sustentanción de una imagen concreta del individul frente al grupo, en definitiva, en la desconexión. Para mí las claves que se está perfilando en ellos son la armonía y el respeto de todos con todos, particularmente con el planeta como ser vivo, por libre compromiso, una conexión que favorezca la comunicación plena con los animales, con los bosques, entre las personas, entre mayores y jóvenes. Ese es el espíritu que circula como otra pandemia por Internet, la de la comunicación alentada por el Principio de Conexión.

Creo que deberíamos leer al revés lo que está sucediendo. En lo referente a las empresas, no se trata de que haga falta preservar el medio ambiente porque corramos el riesgo de extinguirnos como especie, sino a la inversa, es la Tierra la que reclama su conexión con nosotros para caminar juntos, pues no somos independientes, como no lo son las células de nuestro propio cuerpo. Si lo hacemos por miedo, seguiremos siendo esclavos; si entendemos que se trata de canales sutiles de información, de los susurros que ella está enviando, entenderemos de qué va esta hermosa película. Somos nosotros los que consagramos a este planeta como viviente, bajo la sutil y poderosa comunicación de que él y nosotros no somos diferentes, sino partes de un todo.

Este es el principio al que me refiero y que subyace como una metástasis que los ortodoxos de la dualidad temen, repudian o se mofan cuando llegan a su correos el adjunto, mensajes que hablan de compromisos con el medio ambiente, de cursos y talleres de concienciación del cuerpo, de la salud… de Amor a todo. ¿Qué es el Fheng Shui, la Radiestesia, la Autoayuda, el Reiki y los miles de cursos relacionados? Todos ellos no son más que miles de formas diferentes para derribar las fronteras internas que nos permitan conectarnos con la Tierra... y con lo divino. La miseria externa es, en realidad, la ceguera interna. Hoy me ha llegado otro Power Point titulado "Yo te enjuicio, mundo actual", donde ritmo de campanada e imagen de dolor se hace balance de todos las culpas que soporta nuestro mundo y que acarrean los poderosos. Los poderosos se alimentan de nuestros miedos y de nuestra rabia. Somos nosotros quienes los encumbramos. La mitad de la población, cuando llegan unas elecciones, votan la opción menos mala. ¿Eso no es mantener en el poder a los poderosos? Ellos son el reflejo del sentir de nuestra sociedad. Ni siquiera de la mayoría que los votó. Si una humanidad basada en el amor pudiera aterrizar en nuestro planeta y la actual pudiese ir de vacaciones durante diez años, ¿no crees que a la vuelta las cosas serían muy diferentes en cuanto a los gobernantes?

Pero a golpe de crisis, vamos cambiando, de crisis individual, de crisis social. Nuevas formas que hasta hace poco se van vislumbrando. Por cierto, otro amigo, también directivo de una multinacional los tengo también en el paro utiliza el péndulo para tomar decisiones a la hora de saber si un lugar es apto o no para construir un hotel en lo que fue un monasterio o una abadía, de si se debe limpiar de malas energías y de si existe permiso por parte de la Tierra. Por supuesto, la Tierra se lo recompensa a través de una comunicación sutil, donde le índica lo mejor para todos, incluida la empresa.

¿Existen más mensajes implícitos? Se está acabando el mercadeo de captar la atención de los humanos en base a las pasiones bajas como son el miedo, la rabia, la tristeza o el deseo material. Y todo ello para esclavizar a través de una ceguera que cada vez resulta más difícil de mantener.

La humanidad está agotada emocionalmente, y abre los ojos cada día más para buscar un nuevo referente, algo que nos integre y nos una como raza, en la misma dirección, algo que respete las miles de notas diferentes que pulsan cada corazón humano y en cualquier continente. Cada nota necesita expresarse para expandirse como una onda por los espacios siderales que circundamos con nuestra nave azul. Así, pues, me recuerda esto a otra película, Contact, donde una cámara se aleja desde la faz de la tierra, con un estrépito de ruidos y de emisiones sonoras de radio y programas de televisión que comienzan a atenuarse con la lejanía, a medida que se despide del planeta para ingresar en el profundo e insondable silencio del espacio, atravesando constelaciones, cúmulos y galaxias. Navegando.

La demostración

¿Hace veinte años hubiera sucedido esto a la escala que se está produciendo hoy? ¿Alguien hubiera imaginado, también bajo el Principio de Conexión, que una noticia de última hora, difundida a través del móvil, pudiera modificar de manera decisiva los índices de voto en las horas previas a unas grandes elecciones? ¿Todavía no te has dado cuenta de aquello en lo que tú, yo, nosotros estamos participando? Como te he dicho, esta tontería de los adjuntos en Internet ha comenzado a extenderse sin remedio alguno. Tú eres una gota de un inmenso océano llamada la web, o tela de araña. Y lo mismo que en un tela de araña, cuando una de sus hebras es tocada, tú, en el otro extremo sabes que algo se está moviendo por allá. ¿Y cómo se puede demostrar esto sin pensar que un correo semejante a este sea una tontería sin visos de ser leído? Te pregunto: ¿te ha llegado hoy algún adjunto?

Sé que hay una abundancia de power point de amigos inscritos en nuestras listas de correos. No tenemos tiempos de leerlos todos, pero eso solo demuestra la gran expansión de esa religión donde lo sutil con tintes de conexión cala y cala. Tú abres uno cualquiera y la sincronicidad correspondiente te guiará para que abras el que necesitas. Por la misma razón, los adjuntos cada vez dan un pequeño salto cuántico para ahondar en el significado de la idea de Conexión con la Tierra, mensajes que nos hacen libres porque cuando hacemos “lo que debemos” nos sentimos inmersos en una corriente que escapa de la esclavitud de nuestros deseos vitales, y con los cuales juegan otros para atraparnos a través de la captación de nuestra valiosa, para ellos, atención. No digo que no nos comamos una tableta de chocolate, digo que controlemos cuándo tomarla, sin que nos controle ella. No porque lo diga el anuncio de televisión.

Y cuando conectamos con “lo que debemos”, reconocemos el sabor de la Libertad que nos armoniza a todos los seres vivos, el que nos pone en sintonía como individuos dentro de un grupo para preguntarnos, ¿cuál es la nota que tengo que dar en el mundo? Y no qué nota le interesa a este que dé yo. Hasta ahora éramos músicos desorganizados, como mucho formábamos cuartetos o quintetos. A partir de ahora, el Principio de Conexión con la Tierra, cada vez más firme e imparable comienza a orientarnos a todos. Y así, niños, presos, mujeres, políticos, deportistas y músicos afinan su nota como seres perfectos, necesarios, mientras se paran a leer un adjunto, uno que solo te remueve a ti… porque te lo susurra la Tierra, se lo insinúa a una de sus células para decirle de qué cosas debe desprenderse para conectar y cómo llevarlo a cabo.

Otro inciso importante. Le pregunté a una amiga que trabaja en prisiones que cuándo llegaría esta nueva visión a las cárceles. Me contestó: “Ya llegó”. Abrí los ojos con sorpresa y entendió mi desconcierto: “Los presos sudamericanos imponen las manos a sus compañeros de celda y les hablan de una nueva filosofía que nos une a la Tierra”. Por Dios, cómo susurra la Tierra hasta en el más cerrado de sus rincones.

Cuando hace unos años comenzaron los Power Point, los mensajes eran frases llamativas con fotos emotivas, bastantes cercanas a nuestra cultura, con los valores propios. Ahora, los delfines nos están diciendo con su sorprendente juego de burbujas bajo el agua que son inteligentes y que también tienen que enseñarnos muchas cosas… Nos dicen que llevan miles de años haciendo lo mismo, solo que no le habíamos prestado atención. Ahora captamos su mensaje porque estamos cambiando nuestra percepción a gran escala. Comenzamos a discernir lo que siempre habíamos tenido delante de las narices. Dios mío, ¿y cuántas cosas hermosas faltan por descubrir y que habíamos tenido delante de nuestras mismas narices? El regalo de la enseñanza de los delfines pasa por mirar de otra manera, y aunque esa mirada tiene el cristalino sucio y algo de cataratas, lo cierto es que los adjuntos lo están puliendo y sanando con armas sencillas pero muy poderosas, donde el amor a los delfines y a todo los que nos rodea nos integra en un abrazo cada vez más amplio, entre todos los miembros de la red, entre toda la humanidad.

Feliz descubrimiento para todos.

Si quieres ver el vídeo de los delfines...

Josemaría Garzón.
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