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Susurros de la Madre Tierra I.


Hace muchos años, cuando yo comenzaba a gatear por los Nuevos Caminos, leí un mensaje escrito en un libro y transmitido por unos supuestos extraterrestres. Decían que al “final de los tiempos” los medios de comunicación favorecerían un cambio de consciencia y de paradigma en los seres humanos, con nuevos conceptos y nuevos descubrimientos impulsados por ellos mismos. Reconozco que entonces miré de reojo y con una sonrisa algo irónica los periódicos y los informativos para preguntarme cómo llegaría aquel milagro. También me pregunté si habría alguna manera para informar desde lo positivo, o para renunciar a los inmensos beneficios que generan las noticias negativas, en definitiva, cómo se podría renunciar al preciado oro que buscan algunos instrumentos de poder y que no es otro que nuestra valiosa atención. Eso es lo que miden los medios de comunicación del mundo: nuestra atención. Cuando la captan… somos suyos. Y en base a ella valoran sus cuotas publicitarias.

“¡Pero la información es un derecho!”, se quejó una mujer hace unos años en un taller. Yo le contesté con templanza y hasta con amor: “Claro que sí, Ha sido un logro de la humanidad la libertad de expresión, quién dice que no, pero, ¿solo se debe informar de lo negativo?”.

Positivo-negativo.

Ella me reprochó que lo positivo y lo negativo eran conceptos subjetivos. Le contesté que no compartía del todo su afirmación.

Hago un punto y a parte para diferenciar los pares positivo-negativo y bueno-malo. Resumiendo mi respuesta a una mujer de unos cincuenta años, morena, con el pelo rizado y de profesión administrativa en una universidad del país. Le aclaré, desde mi punto de vista, que lo bueno y lo malo sí poseen un matiz cultural y moralizante; lo que en un sitio es bueno, en otro puede ser un desastre. Mientras que lo positivo-negativo (más concretamente me refiero a lo positivo) transciende cualquier cultura y se instala tarde o temprano en cualquier sociedad. Gandhi será positivo en India y en Argentina… ayer y siempre, pues aportó principios de soberanía, respeto y libertad, individuales y colectivas, que fueron respetados e integrados poco a poco por muchas culturas del planeta. La prueba es que sus mensajes calan en nuestros archivos adjuntos, mientras que el bendecido bien de cada religión solo satisface a sus correligionarios. Quizá Gandhi fuera un chico malo para minorías de su época porque rompía la ortodoxia de muchas culturas, pero más de una generación posterior de esas minorías integró sus creencias con el tiempo. Lo positivo une; lo negativo separa. Lo positivo carece de límites y los valores que genera siempre son fusionadores y trascienden fronteras, razas y estatus sociales. Sin embargo, bueno-malo es un par que califican siempre a una cultura y, por tanto, algo cerrado. De hecho, hay algo que se sabe y de lo que no se habla abiertamente, pero se siente. Sudamérica sigue herida desde la colonización, cuando los españoles (yo soy uno), en nombre del bien (y de Dios), colonizaron a golpe de cruz y espada. Esto es un bien subjetivo, pero no es positivo. Quizá la reconciliación de los dos lados acabe por transmutar ese bien para unos y mal para otros en algo positivo, integrador.

Power Points

Hoy me han llegado a través de Internet numerosos Power Point. Solo he visto uno al azar. Se trata de unos delfines jugando con burbujas planas y circulares que increíblemente no emergían hacia la superficie. Las giraban con sus picos dentro de un acuario gigantesco. Los he observado cómo los atraviesan con sus cuerpos, cómo los dividen siempre sonrientes en círculos cada vez más pequeños, cómo juegan para para ellos y para divertimento de nosotros.

Ahora vuelvo a preguntarme si los medios de comunicación de los que hablaban aquellos seres extraterrestres tenían algo que ver con Internet. Este medio que ya se ha instalado en nuestras vidas de una manera tan preponderante y que ni siquiera a principios de los ochenta pasara por la imaginación de los más intuitivos. Nadie pensó entonces, ni siquiera aparece en la magnífica película Black Runner, que la raza humana pudiese comunicarse de manera simultánea y sin barreras con unos aparatos pequeños y con teclas. Aquello, en la película, era para poderosos, no para la humanidad.

Cuando abrimos el correo, lo normal es que nos encontremos con tres tipos de adjuntos: los de casinos-oportunidades-porno; los relacionados con intercambios de información entre compañeros de trabajo; y los que recibimos a través de los miembros de nuestras listas de correo. A estos son los que me refiero, porque se ha demostrado a través de un estudio riguroso en una universidad de Estados Unidos que los correos basura de casinos y productos porno los lee un individuo de cada diez mil. El resto hacemos lo que ya sabemos, mandarlos a la papelera con un solo clic.

Los correos adjuntos de nuestra lista, y a diferencia de las noticias de los informativos que recibimos son una brisa fresca en un mar aciago y desolador. Y cuando las noticias adjuntas vienen con un título amenazador, o cada vez los desechamos más, o en realidad no lo son, sino que vienen a desmentir supuestas catástrofes, como la pandemia provocada por un virus como, por ejemplo, el de la gripe aviar o el de la peste porcina.

En esta caso resuta curiosa la reacción que he visto varias veces: te llega un extraño correo con el que la inmensa mayoría de tus contactos se identifica y en el que se desacredita la alarma, pierde fuerza el poder que el miedo ejerce sobre nosotros; entonces lo volvemos a recibir por otro remitente. Con esta efecto en cadena no es de extrañar que el mismo correo te llegue más de una vez por diferentes remitentes y llegues a pensar: “Caramba, esto ha dado la vuelta al mundo en cuestión de horas”. Ni siquiera cuajan las firmas para protestar por una causa justa, salvo casos muy sonoros. Parece como si la nota que emite un adjunto fuera en otra dirección, como si se fueran definiendo poco a poco unos límites precisos sobre qué puede difundirse. Yo me atravería a adelantar algo inédito: parece como si los miembros de la red, en su gran conjunto, actuaran como un cuerpo único, como una inteligencia única que impidiera el paso de algo negativo o, mejor dicho, que permitiera el paso de algo Positivo y global.

El bien más preciado para ellos: nuestra atención.

A propósito de la gripe, recuerdo cuando llegó la alarma de la gripe aviar (no niego ninguna pandemia, pero se vaticinan pandemias con una facilidad extraordinaria). Los noticiarios propagaron la noticia mientras veíamos matanzas de pollos y aves, casi siempre en zonas muy pobres, donde la gente solo tenía el sustento de los pollos. Por otra parte, algunos de los gobiernos más preponderantes corrieron para comprar vacunas a las farmacéuticas con el fin de inmunizar masivamente a la población, quizá para aplacar sus miedos y así preservar los votos. Pero rápidamente circuló una “contranoticia” por correo electrónico en la que se hablaba con unos detalles sorprendentes e inusuales de las relaciones financieras entre altos cargos del gobierno más poderoso y multinacionales farmacéuticas, compra y venta de productos a escala mundial necesarios para la confección de una vacuna. Pensé que si la “contranoticia” era cierta, se dejaría de emitir en cuestión de semanas. Fue cierto, pero me equivoqué en la duración: en una semana cesó toda información relacionada, al menos en mi país. Tan solo un mes depués de la gran amenaza a la que nos enfrentábamos por la mutación del virus y por lo que parecía que millones de personas íbamos a morir, surgió un caso esporádico en Alemania: dos patos. Aparentemente infestados, aparecían cogidos del cuello por unos humanos que los sacaban de un lago. Estos pobres animales fueron los últimos de la gran pandemia.

¿Qué quiere decir esto? Por un lado, los medios de comunicación siguen con su tendencia a propalar noticias en nombre de la libertad de expresión. Esas noticias negativas representan un lastre para alcanzar nuestro principio de Conexión. Al ser negativas, nos separan de cualquier comprensión (ese es el fundamento de lo negativo), dentro de un periodismo seductor y de impacto, mantenido en una rueda enorme en la que intervenimos todos... porque cuanto más preocupante sea la noticia mayores cuotas de audiencia; y mientras sean mayores la cuotas de audiencia, más caros serán los anuncios.

Te ruego que mires cualquier portada de un periódico digital y te preguntes qué verbos y adjetivos se usan. Luego pregúntate cuántas de esas mismas noticias te generan –por este orden–, preocupación, temor, rabia, desolación y hasta envida. Incluiremos las noticias deportivas y descartaremos el tiempo, cosa que aparece en un segundo plano. Este podría ser un buen baremo para medir la información separadora del principio de Conexión.

Sin embargo, poca gente se ha percatado de que quizá aquellas predicciones de los supuestos extraterrestrs tuvieran algo que ver con Internet, un medio de comunicación desconocido e insospechado por aquellos días. Circula una ingente corriente de correos que hablan de libertad, de un poder interno, de nuestra necesidad de resolver el pasado dejándolo partir, de nuestro imperioso trabajo para zafarnos de los miedos, correos donde hay incluso un bendito humor que nos hace reír un lunes a las doce de la mañana en la oficina.

Nadie los ha valorado aún ni los ha tenido en cuenta más que como meros Power Points, vídeos y hasta películas que jamás se anunciarían en los medios de comunicación clásicos, y eso que los pueden ver varios millones de personas en una semana. Como si fueran una lenta, pero imparable metástasis positiva, resuenan en nosotros de manera discreta pero imparable; el mismo correo que vemos hoy en nuestro ordenador lo están viendo en Chile, en Norteamérica y en Sudáfrica. Ellos son pequeñas gotas de lluvia con la forma de adjuntos que vivifican nuestra esperanza, aflojan la presión de nuestro corazón y ofrecen un panorama diferente para el planeta que nos acerca hacia un abrazo compartido, el de los humanos a través del Internet. Son mensajes previsiblemente aceptables por cualquier humano, sea chino, hawaiano o francés, mensajes que trascienden nuestros valores culturales y, en general, se convierten en positivos porque nos unen a todos.

Si observas las decenas de adjuntos que te llegan, descubrirás que no perviven los mensajes doctrinarios, que las amenazas de virus informáticos se mandan a la papelera, sin más, que el reenvío de un mensaje a diez miembros de tu lista de correos ya no cuela para que se te cumplan tus deseos, que hace tiempo no son creíbles las peticiones de ayudas para padres con hijos en estado agónico, porque la pena, una emoción peligrosa con la que grupos de medio mundo han jugado durante siglos, está transmutándose por algo llamado compasión, y esta tiene un oído interno más fino. Parecería que estas gotas de lluvia que llegan a nuestro ordenador junto a los mails carecen de fuerza, que son una secuencia en cadena de informaciones menores. Nadie les da más valor que el de algo superficial. Y solo porque están en una órbita que no es controlable.


El llamado de la Tierra.

Existe un principio que hemos pasado por alto o que olvidamos en la noche de los tiempos, cuando se consideraba que la Tierra era Dios, pues era ella la que daba vida a raudales. Por eso se le llamaba Madre Tierra. Quizá sea posible imaginar que ella es sabía en sí misma, porque para algo lleva aquí lo que lleva y sabe cómo encontrar su propio equilibrio y armonía.

Es más, creo que ha invocado a sus guardianes y trabajadores para que susurren a la humanidad cómo recuperar los cauces de conexión, primero entre los humanos y, de manera paralela, entre los humanos y ella misma. En lo que se refiere a los animales, sobre todo mamíferos, tengo la certeza de que ellos ya disfrutan de esa comunicación con su madre.

Como he dicho, tal vez uno de esos instrumentos que usa la Madre sean los relacionados con los adjuntos en Power Point, en vídeos cortos o archivos de audio que hablan de un cambio de visión, donde inconscientemente se recoge lo que cada uno necesita para limpiarse de que aquello que ya no le sirve, donde se te permite el acceso a una comprensión conectada íntimamente con el ser del planeta, y que la seducción o mente ya no puede boicotear a través de sus aliados, quizá los señores de la dualidad. Por cierto, no están fuera, los tenemos dentro.

Y por sincronicidad elegimos uno al azar, dentro de todos los adjuntos que nos llegan a diario. Y ahí está. Hemos abierto aquel mensaje que necesitábamos en ese momento, o el que resuena con la nota de nuestra alma. ¿Serán estos los caminos que la Madre Tierra usa como susurros?

(Continúa en Susurros de la Madre Tierra II)

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