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4. LA CONCIENCIA AMOR.
En
la Conciencia Amor experimentaréis
una prueba. Será cuando
los demás muestren sus
quejas porque ellos creen que
os alejáis, sin comprender
que, en realidad, os acercáis
más y mejor. Esa prueba
servirá para medir en
qué grado ha arraigado
la Conciencia Amor.
Ya
sabéis: a quienes intentan
salirse del plato, siempre vendrán
otros que insistirán
con los mejores argumentos de
la norma colectiva para que
volváis al redil de la
seguridad. En el fondo, lo que
existe es miedo: por un lado,
a perderos, por otro, a quedarse
solos y, finalmente, a que vuestro
cambio tenga éxito, porque
ello los obligaría a
replantearse muchos aspectos
de sus vidas. No importa, afrontad
las embestidas porque medirá
con cuánto anhelo deseáis
vivir en el nuevo estado, el
de la Unidad que los mira con
otros ojos.
Os llamarán locos. ¿Y
qué? Loco es quien se
sale de la norma. ¿Acaso
deseáis para ellos la
norma que impera? Clamad por
ese Amor en vosotros y veréis
cómo se instala el Amor
en la Tierra. Clamad por esa
Conciencia Amor en vosotros
y veréis cómo,
en sintonía con ella,
cambian las ideas, las políticas,
los gobernantes y hasta las
economías más
feroces. No hay nada fuera que
no haya nacido primero dentro
de una persona. Lo que hay fuera
en estos momentos no es ni más
ni menos que aquello que alguien
sembró y extendió
desde su corazón atemorizado,
aunque su máscara expresara
celo profesional o estadísticas.
Pero una nueva era ha llegado
y cada vez son más conscientes
de su estado sagrado miles de
ángeles en la Tierra.
Cada vez más y más
personas se están despojando
de los sentimientos de indignidad,
de culpa y de temor. Cada vez
más ángeles humanos
contemplan los pétalos
de una flor, un atardecer y
a un mendigo como si les perteneciera,
como si ellos fueran una parte
de aquello que observan. Contemplan
la luz, libre, por fin, de las
barreras del apego que la oscurecía,
libre de los temores del premio
y el castigo para merecer o
perder un cielo. El-Cielo-está-aquí,
y hay que desvelarlo, o sea,
quitarle el velo.
Cualquier
sufrimiento que os produzcan
lo cura el Amor, porque los
padecimientos siempre provienen
de la idea de separación.
De cómo consiga el Amor
su propósito no depende
de vosotros, la Conciencia Amor
no es una energía anárquica,
ni está sujeta a vuestro
pequeño interés;
posee su propia inteligencia
y sabe dónde crear, qué
apartar, a quién atraer,
cómo actuar y en qué
momento abordar. Sólo
debéis invocarla y pediros
a vosotros vuestro deseo.
En
este camino, nunca triunfará
la razón del ego, porque
funciona como un bisturí
de doble hoja que todo lo cercena,
el análisis y los juicios,
por tanto, todo lo separa en
porciones limpias y muy bien
argumentadas, pero imposibles
de reconciliar ni, por supuesto,
ver de manera global, que es
como mira la Conciencia Amor.
Y si los demás hacen
mella en vosotros, es porque
en buena medida os consideráis
indignos de tener la máxima
abundancia, toda la felicidad,
la verdadera sabiduría.
A algunos de vosotros, aún
apegados a lo viejo, os da miedo
el éxito porque os fuerza
al cambio y porque teméis
al dios que instalasteis en
vuestro corazón: imposible,
incomprendido y separador. Si
Dios es Amor, debe amarse a
Sí mismo. Y si la Conciencia
Amor es Unidad, ¿acaso
no sois vosotros esa Unidad?
¿Pero
qué es la Conciencia
Amor? Es la tendencia a ver
unidad en la naturaleza. Os
he dicho bien, naturaleza. Si
veis un acto de amor en un árbol
que, por un lado, penetra sus
raíces en la tierra para
absorber los nutrientes y, por
otro, sus hojas se despliegan
de par en par al Sol radiante,
entonces estáis sumergidos
en la Conciencia Amor. Si veis
una acto de amor en una madre
que protege a sus hijos, los
alimenta y los educa, entonces
eso es otro rayito de la Conciencia
Amor. Si contempláis
como Amor el hecho de que una
mujer beba los vientos por un
hombre, o un hombre por una
mujer, o una mujer por una mujer,
o un hombre por un hombre, sin
dudarlo estáis flotando
en esa Conciencia, porque, además,
estaréis libres de prejuicios
que castigan, o sea, que separan.
Si aceptáis la idea de
que existe Amor entre un planeta
y la estrella alrededor de la
cual orbita entonces estáis
en la Conciencia Amor. Allá
donde nació una pregunta
y llegó la respuesta
como un regalo, entonces hubo
Conciencia Amor, como, por ejemplo,
cuando necesitabais una confirmación
para decidir entre dos caminos
y esperasteis con calma a que
llegaran las señales,
hasta que una persona, en apariencia
ajena a vuestra necesidad, trajo
la respuesta, y cuyo sentido
ella ignoraba; qué decir:
estáis en la Conciencia
Amor. Y si encontrasteis, en
medio de una tormenta familiar,
y con templanza de corazón
os preguntasteis “¿para
qué sucederá todo
esto?”, en vez de “¿qué
he hecho para merecerlo?”,
os habéis tirado de cabeza
en el mar la Conciencia Amor.
En la Conciencia Amor, el humano
deja de serlo y comienza a presentir
su semejanza con los ángeles,
pero no en un cielo situado
en el más allá,
sino en un Cielo aún
por desvelar en la Tierra. Es
más, descubre que siempre
fue un ángel, solo que
lo había olvidado. Lo
descubrirá cuando, al
contemplar el agua limpia de
un arroyo de montaña,
se convierta en el líquido
diamantino y descienda por el
cauce, lamiendo con ternura
las rocas cubiertas de un musgo
tupido y verde. Lo sabrá
cuando se una a la fronda elevada
del ciprés que se bambolea
majestuosa con las caricias
del viento del Sur. Y lo entenderá
cuando, al cantar su partitura,
comprenda que, en realidad,
fue la montaña vestida
con el bosque de robles quien
cantó las notas, aunque
él dijera en épocas
anteriores que había
sido la inspiración.
Esta
experiencia la reviví
el año del cambio de
mi hermano de manera mágica.
Un amigo y yo circulábamos
con su vehículo por una
pista forestal del Bierzo, en
León, a gran altitud.
Ante la magnífica vista,
detuvo el coche al borde de
un desfiladero y pulsó
el botón del CD. Nos
bajamos para contemplar los
enormes barrancos. Yo no entendía
la letra del tema musical porque
estaba escrita en eusquera,
pero al contemplar la plenitud
de la montaña de enfrente,
primero un nudo en la garganta
y
un par de lágrimas en
mis ojos me desvelaron el motivo.
La montaña me hablaba
en ese momento: “Somos
nosotras quienes en muchas ocasiones
cantamos, y son algunos músicos
quienes sintonizan con nuestras
notas; luego ellos acoplarán
–que viene de copla, juntar
(N. del autor)– nuestras
notas con sus letras. Esta comunicación
te servirá para comprenderte
mejor, para que entiendas los
movimientos internos de algunas
personas que conocerás
y para que algún día
escribas sobre ello”.
Sentir
a una montaña es algo
inefable, es comprender más
allá de nuestra estrecha
individualidad, es como si todo
fuera Uno en ese momento. En
el País Vasco existe
un inmenso amor por su tierra,
de hecho la mayoría de
sus montes son sagrados, y eso
los une de una manera que va
más allá de la
comprensión humana. Hay
una conexión tan íntima
con las montañas que
también entendí
por qué entre ellos el
matriarcado está extendido:
la Tierra y lo femenino van
unidas.
Cuando miréis con la
Conciencia Amor, un velo se
descorrerá y alcanzaréis
la Visión, que no es
percepción, sino el descubrimiento
de hasta qué punto el
Universo y vosotros sois lo
mismo, que es lo que descubre
la gota de lluvia cuando cae
en el océano. De esa
manera, vuestra individualidad
no acabará en el extremo
de uno de los dedos de la mano,
porque el Amor lo conecta todo,
como las cuentas de un collar,
mediante un cordón oculto
e infinito. Incluso llega a
disolver el espacio y el tiempo,
la mayor tecnología creada
por los ángeles de Dios
para su Plan en la Tierra. Y
seréis uno con el vasco,
la montaña o la estrella.
Cuando
desarrolléis la Conciencia
Amor, descubriréis que
no traerá la aflicción
ni el sufrimiento, ni os pondrá
precio por la felicidad. No
os indicará ninguna cruz
a la que subir para que giréis
el cuello y miréis de
reojo por encima de vuestro
brazo extendido y os muestre
el edén que existe en
el patio trasero. Al contrario,
ya estáis en la cruz
porque os sentís separados,
y este Amor es quien os desclavará
con ternura del travesaño.
Extraerá con delicadeza
el clavo sangrante de los pies,
el de una mano y el de la otra.
Luego, ese Amor os untará
paños de agua tibia con
romero y azahar y después
os besará cada una de
vuestras heridas para que cicatricen
de inmediato. Pero antes debíais
pronunciar el sí,
quiero, ¿recordáis?
Cuando caminéis por la
tierra de la Conciencia Amor,
disfrutaréis de la misma
felicidad que miles de ángeles
humanos. Vuestro poder no dependerá
más de la seguridad que
os venden otros y que siempre
os deja insatisfechos e intranquilos
por temor a que algún
día se acabe, tampoco
dependerá de los razonamientos
inacabables y justificadores,
ni de los amores esclavos. En
realidad, los contemplaréis
a ellos con una sonrisa de ternura
y proseguiréis vuestro
camino, observando las danzas
de la armonía, aunque
ellos os griten de rabia para
teneros cerca.
Cuando viváis en la Conciencia
Amor, comprenderéis que
nada de lo viejo resultó
vano o erróneo, sirvió
para apoyar el pie delantero
y auparse otro escalón
en la consumación del
Plan. Por eso hay que juzgar
como positivo todo lo anterior,
porque sobre esos cimientos
construís el presente.
Josemaría Garzón
www.artedeamarte.net
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